JULIO CABRALES, “EL INCENDIO DE SU VOZ”.

Poeta Julio Cabrales. (Foto cortesía El Nuevo Diario de Nicaragua).
Poeta Julio Cabrales. (Foto cortesía El Nuevo Diario de Nicaragua).

 

 

 

 

 

 

 

REDACCIÓN- El poeta nicaragüense Julio Cabrales, hijo del también poeta del Movimiento de Vanguardia, Luis Alberto Cabrales (1901-1974), se encuentra en cuidados intensivos en un hospital de Nicaragua, a causa de neumonía y una infección generalizada, informaron medios locales.

Cabrales, quien sufre esquizofrenia desde hace años,  fue internado la noche del sábado 4, día en que cumplió 73 años de vida, y recibe tratamiento médico en una sala de cuidados intensivos con “pronósticos reservados”, señalaron sus familiares.

POETA DE LA GENERACIÓN DEL 60

El autor de “Ómnibus” (1975) es uno de los más representativos de la Generación del 60 en Nicaragua, quien destacó por ser un “poeta precoz”, un arte que lo llevó a relacionarse con Jorge Luis Borges, mientras vivió en España entre 1962 y 1965, y posteriormente con su compatriota Carlos Martínez Rivas, señala El Nuevo Diario de Nicaragua.

Cabrales es famoso por sus versos, sin embargo sus años de madurez los ha vivido en la pobreza y mendigando, debido a su enfermedad mental y al abandono que ha padecido.

Sus allegados relacionan su padecimiento a una serie de eventos como el derrumbe de su vivienda en el terremoto de Managua de 1972, la pérdida de su padre en 1973, el fallecimiento de su hermano mayor y  el de su mamá en 1983, cuando la esquizofrenia ya lo afectaba.

UN POEMA-CARTA A LA MADRE

Uno de sus poemas más afamados es “Carta a mi madre”, donde describe con maestría los ambientes de Madrid y Managua.

El autor español Fernando Sabido Sánchez lo incluyó en su obra “Poetas del Siglo XX – Antología Mundial”, y en Nicaragua ha sido objeto de diversos reconocimientos, señala El Nuevo Diario.

Como un homenaje al poeta Julio Cabrales, les ofrecemos en nuestra sección cultural Cántaro, su famoso poema “Carta a mi madre”, y “Julio Cabrales, el incendio de su voz”, que le dedica el poeta Tito Leyva, y que nos mandó a nuestra sala de redacción.

 

CARTA A MI MADRE

Madrid, 20 de diciembre de 1963.

 

Te escribo para decirte

que tengo un nuevo conocido,

el Otoño, con la fría brisa nordeste

soplando sobre álamos y plátanos de la India

en las aceras de Madrid;

y hojas cayendo unas sobre otras amontonándose

o llevadas por el viento a media calle

o agarradas en el aire por mis manos;

hojas secas, amarillas, crujientes,

recogidas por barrenderos en la madrugada

y más tarde en un montón

quemándose

y el humo grueso subiendo

entre las ramas desnudas, blancas, húmedas,

al mediodía.

Ya es la época de Navidad.

Estamos en Diciembre,

y cómo está la casa?

Estará florecido el pastor

junto al muro negro?

No se ha secado el pozo

y el alcaraván va por el patio?

Ya has pintado -por supuesto-

el cuarto de Clarence del color crema

que aún quedaba en el tarro.

Ya habrás hecho las diligencias de la casa

para esta época

y comprado el mantel blanco para la mesa

y llenado el florero de narcisos rojos

del traspatio

y encendido el cesto de rosas eléctricas

en la noche, para Nuestro Señor,

y cubierto de cortinas el cuarto de Alberto y su esposa

esperando al nieto

por primera vez abuela

y estarás contenta con la llegada del nieto

que conocerá tu Buen Olor

que yo conocí entonces.

Y te veo en las tiendas acompañándote

como lo hacíamos siempre

rodeados de arbolitos cubiertos de luces

y el cielo negro pellizcado de estrellas

y ese olor de purísimas

olor de madroños y triquitraques quemados;

manzanas y uvas y juguetes en el Mercado San Miguel

y sus alrededores;

candelas romanas en manos de los niños

y villancicos de pastores y del Niño Jesús

en la Catedral Metropolitana

y mi luna de Nicaragua que es grande y dulce como tú.

 

Julio Cabrales.

 

JULIO CABRALES, EL INCENDIO DE SU VOZ

Se duele, se margina del lamento.

Ve con aves, su propio lugar de esclavitud, aún con vida, necio al tiempo.

Su corazón estable, se niega, se ruega al silencio.

Tiene plenitud en sus manos del persistente cigarrillo, imparable a las horas de la miseria, de qué humanidad hablamos, los que estamos más muertos?

Julio es él, y le niegan reconocerlo.

Hasta cuándo agita la sombra del crepúsculo?

 

Tito Leyva

Managua, noviembre 2017.

 

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