GANÓ CHOCOLATITO, EL GALLO LO SABE

 

Por Róger Trujillo Jr. Para LA NUEVA PRENSA. Miami FL. USA

Como dijo Rubén: “Puede una gota de lodo sobre un diamante caer (…) y ha de ser siempre diamante por más que lo manche el cieno…” Román González de nuevo fue vilmente despojado de una victoria cerrada aunque inobjetable, excepto para un árbitro encerrado en el cuarto de la absurdidad que lo vio perder 117/11. Eso lo sabe todo el mundo, incluso el mismo Gallo, sorprendido con el insólito fallo.

Chocolatito, abrigado con la humildad que le caracteriza aunque ametrallado por el robo gigantesco, al ser interrogado sobre la decisión afirmó: “yo gané las dos peleas”. Y eso está en el video como testimonio para quien quiera ver la joya boxística que nos obsequió el nicaragüense en Dallas, Texas.

Podemos debatir sobre Hussein, Stalin y Franco -incluso sobre lo qué pasa en Nicaragua- pero negar la inmensidad mostrada por González frente al mexicano es como decir que el Guasón jamás usó un disfraz. Tan es así que después de concluido el décimo episodio la esquina del azteca le dijo a Estrada que estaba atrás en las tarjetas y que necesitaba un nocaut para vencer a Chocolatito. Las estadísticas de CompuBox reflejan la superioridad del tetracampeón, lo que contradice en consecuencia de forma clarísima la puntuación mayoritaria a favor del Gallo.

MOMENTOS. Imagen de la pelea efectuada el sábado en Dallas, Texas. (Foto tomada de internet).

Román González es un pura sangre hecho a la antigua, que encontró en Juan Francisco la forma de engrandecer una historia plagada de múltiples hitos. ¿Exigido? sí, pero sobresaliente en las calificaciones del público y la crítica sensata. Chocolatito probó frente al Gallo que su vitalidad sigue intacta, que su brillantez no ha disminuido y que el reloj biológico no ha envejecido su boxeo, todo lo opuesto, se mostró maduro, sin prisas, atacando con savia y resistiendo sin mostrar desgaste por los años en el cuadrilátero. Román -el deportista- ha sido elaborado con paciencia y esmero, como un Ron añejado, aunque el ingrediente principal es el don especial que posee.

Podemos cuestionar muchas cosas con sapiencia; pero no la victoria de González, plasmada con ahínco y persistencia colocando su grandiosidad arriba del ring junto a la clase alta del pugilismo mundial. Estamos siendo testigos de una leyenda, Chocolatito ya puede sentarse en la misma mesa con Chávez, Durán y Argüello. Lo demostró otra vez. Tres de sus mejores cinco peleas entre estas la revancha con El Gallo -como la número uno- son un inequívoco listín de preseas que hablan por sí solas.

Tanto Estrada como González reivindican el arte de fistiana (arte del boxeo: «golpear y evitar al máximo ser golpeado») con otro gran clásico, en contrapunto al mega fraude visto en Miami entre Yildirim y Canelo Álvarez. Queda abierta entonces por obvias razones la posibilidad de una tercera entrega de la saga con una cifra enorme para Chocolatito por su recorrido meteórico. Hay una certeza, y esa es el poder económico de México en el mercado estadounidense, una Hidra de mil cabezas que con grandes tentáculos posibilitaría que Román recibiese en la trilogía una bolsa sin precedentes para los pesos mínimos.

Estrada es un oponente verdaderamente difícil, con su actuación monumental nos hizo saber que Chocolatito ha sabido superarse a sí mismo. Hasta hoy, su crecimiento e ímpetu continúan invariables. Hace tiempo se convirtió en un referente. Frente al Gallo puso en escena una de sus grandes obras y “perdiendo ganó”, ratificando lo extraordinario que es. Quienes vaticinaron su declive se llevaron un gran fiasco porque Chocolatito agigantó su estampa y eso ya es indestructible.

 

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