Un poema para el Héroe de Las Segovias

REDACCIÓN. Augusto Nicolás Calderón Sandino (1895-1934),​ más conocido como Augusto César Sandino, fue un patriota y revolucionario nicaragüense nacido en Niquinohomo, departamento de Masaya. Dirigió entre 1927 y 1933 la resistencia nicaragüense de campesinos contra el ejército de ocupación estadounidense en Nicaragua.
Su lucha guerrillera logró que las tropas de los Estados Unidos salieran del país, no sin antes crear el gobierno norteamericano la Guardia Nacional y poner a su frente al general Anastasio Somoza García quien, a traición, acabaría ordenando asesinar a Sandino en Managua por órdenes de la Embajada del país del norte.
Se le considera Héroe Nacional de Nicaragua y se le llama «General de Hombres Libres». (Tomado de Wikipedia).
A continuación, un poema que le dedicó el poeta costarricense Adriano de San Martín, de su libro San José varia.

 

SANDINO

En las montañas deforestadas

del norte de Nicaragua / Las Segovias 

como amenaza de incendio forestal

de vez en cuando brilla una luz

 

Y se escuchan estampidas de caballería

voces de mando

fusilazos quiebraplata en las madrugadas

Esas luces y voces

se apagan con facilidad

como si la técnica de la época

silenciara el fuego sagrado de entonces

Pero la ciencia y la tecnología

no llegan igual para todos

hay quienes en Niquinohomo / es un ejemplo

aún no poseen electricidad

Y así por todo el país 

el continente

         el planeta

la inmensidad…

Discurro sobre un hombre agrario y sindical 

que reunió en sí mismo a todos los hombres

pues “no era ni político ni soldado

pero antiimperialista por todos los costados

Un hombre asesinado por otros hombres

que no conocían el decoro ni la luminosidad

del inmolado

ni sospechaban siquiera

que con ello lo transmutaban en santo 

Un hombre convertido más tarde en bandera

en resistencia armada / tumba colectiva 

en coraje plural para derrocar el espanto

la luz negra de la tiranía

De aquel hombre se sostienen

una silueta metálica al borde de una laguna en Managua

incontables retratos de ala ancha

títulos de partidos políticos / de algunas organizaciones

Sin embargo / y es lo extraordinario de la plática

las luces en las montañas no se extinguen

parpadean… parpadean… parpadean…

Y la silueta metálica de amanecida

parece adquirir vida con los transeúntes

obreros desocupados vendebaratijas

cocineras vendecomidas chicha helada

nacatamales gallo pinto carne asada

campesinos sin tierra hacinados en la ciudad humeante

poetas desamparados con los esqueletos de otros poetas

por las calles terremoteadas de la Nueva Nicaragua

Y así por todo el continente

   el planeta

        la inmensidad…

El movimiento imperceptible de su sombra 

cuando baja el mediodía y el sol se amusga

parece decirnos / en el idioma de los aires y las flores

que aunque un Sandino ha muerto

cientos se renuevan en cada vibración popular

en la sangre del estado llano que no se resigna

al manicomio ni a la suerte del muladar

(De San José varia de Adriano de San Martín, 2009)

 

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